La clase al revés. Del profesor relator al profesor facilitador

DSC_0037¿Por qué las dinámicas en el aula deben perpetuarse en el tiempo?. ¿Por qué no buscar nuevos métodos que faciliten que los alumnos aprendan por sí mismos con la colaboración del profesor?. ¿Por qué no romper con los atavismos que fijan al docente a la tarima, al libro de texto, a la pizarra digital, a las largas peroratas, como si fuese la única práctica docente válida? ¿Por qué no osar y darle la vuelta a las cosas?. La resolución de estos interrogantes son los que me han movido a interesarme por un concepto educativo que me parece sumamente sugerente: el flipped classroom o clase al revés. Un concepto que he descubierto a raíz de la práctica del tema 4 del curso de #EduPLEmooc, gracias entre otros, a la ilusión de los integrantes del grupo de trabajo iniciado por Olga Martín González @olgamargon en Google +, quienes han compartido información y experiencias propias, que hacen que el concepto sea más fácilmente comprensible.

Por lo que he leído en las aportaciones de los compañeros y lo que he encontrado en la red (muy interesante y clarificador fue el artículo del profesor del curso David Álvarez @balhisay titulado ¿Le damos la vuelta al aula?), la idea que sostiene el concepto de clase al revés, se basa en un cambio de paradigma en la figura del profesor, que deja de ser transmisor de información para convertirse en un facilitador del aprendizaje de sus alumnos. Los alumnos no llegan deberes para casa, sino contenidos facilitados por el profesor. El tiempo en el aula no se dedica fundamentalmente a explicar los temas, sino a realizar aquellas tareas que antes el alumno realizaba en casa, con el que el profesor tiene tiempo para trabajar de forma individualizada con sus alumnos. El material facilitado por el docente puede ser de elaboración propia o recopilado de la red.

Entiendo que esta forma de enseñar supone un reto, un estímulo y una oportunidad para el profesor, y ahí radica uno de sus principales atractivos. El docente tiene que comprometerse con lo que enseña, preparar o buscar recursos, tarea que requiere esfuerzo y dedicación, pero que a la postre resulta muy gratificante e instructiva (es una manera para obligarse a estar actualizado), sobre todo al ver el resultado con los alumnos y la vida en el aula, en la que la monotonía y la rutina pasan a mejor vida. Esta práctica también requiere un cambio de mentalidad en el alumnado, que puede ser muy beneficiosa, al abrirles la puerta al trabajo colaborativo y capacitarles para usar las nuevas herramientas tecnológicas para aprender. En el siguiente vídeo se explica visualmente lo apuntado:

Respecto a la información relativa al concepto de flipper classroom, una de las referencias más significativas es el proyecto The Flipped Classroom, desarrollado por docentes de nuestro país. Javier TourónMarta Torán y Fernando Trujillo, son tres buenas referencias para estar al día de información relevante sobre la enseñanza y el aprendizaje.

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La sobrecarga informativa. El antes y el después de la curación de contenidos

La sobrecarga informativa o el exceso de información, es un hecho que hemos podido constatar todos aquellos usuarios de Internet que, en algún momento, nos hemos sentado delante del ordenador para encontrar información sobre un tema concreto. Tras teclear en el buscador el objeto de nuestra curiosidad, se despliegan ante nuestros ojos una infinidad de páginas, enlaces, vídeos que, como una ola que inesperada barre el paseo marítimo en el cual estamos cómodamente instalados, termina, cuando menos, por salpicarnos (cuando no engullirnos) con el agua del desasosiego. Esta avalancha informativa que genera estados de ansiedad y frustración al no poder procesarla y asumirla por su dimensión, ha ido aumento de forma pareja al crecimiento del uso de la red. El éxito del término infoxicación, neologismo acuñado en 2000 por Alfons Cornella, es un claro indicador de esta realidad cotidiana que a muchos nos agobiaba.

Infoxicación

La realización de las tareas del tema 3, del que este texto forma parte, me ha servido por un lado, para ser consciente de esta sobrecarga informativa, comenzando por el descubrimiento del término antes apuntado, y de otro, para descubrir herramientas para gestionar, filtrar y dar cauce a esa infobesidad, a la que hacía referencia en su artículo Juan Jesús Baño. Tras angustiarme consultado las entradas que los compañeros compartían en Twitter, en Scoop.It, los enlaces de eduPLEmooc, los vídeos tutoriales; después de abrir una cuenta en Feedly y otra en Diigo, advertí que lo que me ocurría era que estaba realmente infoxicado. Después entendí que estos marcadores sociales me podían ayudar a filtrar la información, a almacenar y clasificar los contenidos que iba encontrando en la red y que antes ordenaba de manera precaria y sobre todo ineficaz. Comenzaba a balbucear otro neologismo muy feo, pero de gran utilidad práctica, content curator o “curador de contenidos”. Se trata, según los entendidos, de alguien que busca, agrupa y comparte información significativa, es decir, de una persona cuya función no es crear contenidos sino darle sentido a lo que otros crean. Una suerte de agente de filtrado de la información, que se encarga de buscar la información relevante, filtrarla, gestionarla y “curarla” con determinadas herramientas (Scoop.it, Storify, Pinterest, Diigo), para finalmente compartirla en las redes sociales. Respecto a esta figura, es interesante el artículo de la comunicadora y profesora Dolors Reig, content curator, ya reseñada por alguna compañera en su blog. La aparición de la misma, ha marcado un antes y un después en la gestión personalizada de la información, y en la configuración del entorno personal de aprendizaje.

A instancias del curso he hecho uso por primera vez Feedly, un marcador social que permite recibir información mediante suscripciones de contenidos web a través de RSS. También he comenzado a utilizar Diigo, otro marcador social que funciona como una herramienta de “curación de contenidos” de gran utilidad, que posibilita, además de incorporar las indexaciones de contenidos a través de RSS, clasificar, almacenar enlaces de Internet y compartirlos de manera pública. Adjunto un tutorial de ayuda para entender su funcionamiento.

Finalmente, también movido por la dinámica del curso, creé un escritorio personalizado utilizando la web Netvibes, una herramienta que nos permite gestionar la información procedente de diferentes canales (redes sociales, webs, correo electrónico, RSS, etc). La lectura de las aportaciones y enlaces de los compañeros ha despertado mi interés hacia Scoop. It, otra herramienta de gestión que me parece interesante y que pretendo incorporar a mi bagaje tic.

Puesto que no soy docente en activo, no puedo hablar de mi experiencia con otras herramientas de “curación de contenidos” que puedan ser interesantes para utilizar en el aula con los alumnos, pero si apuntar una serie de reflexiones personales acerca de la gestión de la información tomadas de todo lo leído, y que me parece que intentaría abordar en el aula si fuese docente:

* Enseñar a los alumnos a buscar la información en la red de manera eficiente.

* Trabajar el uso de las redes sociales (Twitter, Facebook, Pinteres) y de la tecnología no sólo como un elemento de diversión o de relación social sino como una fuente de información y conocimiento.

* Enseñar a los alumnos a filtrar la información, quedándose con aquella que sea realmente significativa para sus intereses, fomentando el sentido crítico, de forma que sepan desechar los contenidos banales que tanto abundan en la red.

* Fomentar el trabajo colaborativo y destacar la necesidad de compartirlo utilizando  las herramientas digitales disponibles.

De docentes conectados a docentes en-red(ados)

Para mi, que no soy un docente en activo, la práctica del tema dos del curso Entornos personales de aprendizaje para el desarrollo profesional docente, ha sido toda una aventura. Aunque soy usuario de Twitter desde hace tiempo, nunca había pensado que podría ser una herramienta muy potente en mi red de aprendizaje personal. A través de Twitter he tomado contacto con docentes interesados por la educación y las tics, he descubierto blogs de gran interés, recursos en la red, etc. Aparte de estos descubrimientos, inducidos por la propia dinámica del curso, me aprendido a utilizar aplicaciones de gran utilidad de las que hace tan solo unos días desconocía su existencia, tales como Twitonomy o Social Bro, que permiten analizar en profundidad el uso de Twitter. Lo mismo podría decir de Google Drive.

Quizás, lo más gratificante fue comprobar que en la red que se ha tejido en torno al curso, hay un montón de personas (verdaderos enseñantes enredados y solidarios) dispuestas a echarte un cable cuando las cosas se tuercen o cuando la impericia de uno con las tics le hacen sentirse como un analfabeto digital. Quiero dejar constancia de mi gratitud con todos ellos. Para finalizar esta entrada, comparto la presentación del análisis de la cuenta del profesor Javier de la Cruz, un historiador empeñado en acercar las materias que imparte a sus alumnos de un modo ameno y didáctico.

Nube de intereses

Antes de presentar mi nube de intereses para el curso Entornos Personales de Aprendizaje para el desarrollo profesional docente, me gustaría compartir unas reflexiones acerca de mi huella digital. Como muchas otras personas, yo tenía abiertos varios perfiles en las redes sociales, que trataba de utilizar de manera coherente para proyectar mi faceta profesional (no relacionada con la educación) al exterior. Tenía una página (no un perfil personal) de Facebook, una cuenta de Twitter y Flicker, unas cuentas en las que solo se trataban temas relacionados con mi trabajo. Estaba tratando de crearme una reputación profesional digital. Entendía mi relación con la red como un flujo unidireccional, de mis intereses profesionales al exterior. Gracias al curso, me he dado cuenta que, en realidad, la relación es bidireccional, recíproca, de ida y vuelta, pues la red forma parte de mi entorno de aprendizaje, y hasta ahora no era consciente de ello.

Mi PLE

De otro modo, estoy muy contento de participar en esta experiencia educativa abierta, porque me conecta con el mundo de la enseñanza del que estoy desvinculado pero al que me gustaría sumarme. Además, el curso me está sirviendo para mejorar mi competencia  y mi inteligencia digital.

nube intereses